De la tensión política al clima de diálogo, en un contexto complicado por la pandemia





  • Las próximas elecciones catalanas pondrán fin a una de las legislaturas más convulsas de la democracia moderna en Cataluña


  • La llegada de la pandemia y el diálogo entre los gobiernos catalán y español suponen un nuevo escenario que relativiza la importancia del procés


  • La separación del bloque independentista y la irrupción de Salvador Illa como candidato pueden propiciar un gobierno progresista, por primera vez desde el tripartito


Todo indica que el próximo 14 de febrero, tendremos nuevas elecciones autonómicas catalanas. Estos comicios pondrán fin a una de las legislaturas más convulsas de la democracia moderna en Cataluña. A pesar del reciente clima de diálogo que impera entre los gobiernos catalán y español, estos últimos cuatro años hemos presenciado el juicio a un president de la Generalitat, su inhabilitación, la detención de líderes políticos catalanes y el dictamen de euroórdenes para la detención y entrega de expresidentes. Y, además, ha irrumpido una pandemia mundial. 


Además del evidente shock sanitario y económico, la emergencia del COVID-19 también ha alterado el escenario político, modificando las prioridades de gobiernos y ciudadanos. Este cambio de paradigma relativiza la importancia del procés y del independentismo en la campaña electoral, por primera vez desde las elecciones autonómicas del 2012. De hecho, estamos ante el más que probable escenario de un gobierno progresista en Cataluña, inexistente desde el último tripartito de 2006.


Coletazos del artículo 155

Pero, para valorar el escenario político actual con rigor, es necesario hacer un ejercicio de retrospectiva. La XII legislatura en Cataluña se inició el 17 de enero de 2018, con el artículo 155 de la Constitución todavía en vigor y con un recién investido Quim Torra, que anunciaba públicamente la voluntad de devolver la presidencia a Carles Puigdemont, a pesar de su exilio político. 


Mientras el gobierno independentista se volcaba en una guerra mediática focalizada en los políticos presos y exiliados, los partidos constitucionalistas denunciaban su deriva secesionista y su negligencia. Cabe destacar que, en medio de estos posicionamientos opuestos, se encontraban formaciones con puntos de vista intermedios, que reclamaban la vuelta a la normalidad, la necesidad de políticas de peso económico y social, y el inicio de conversaciones entre las partes. Curiosamente, estas formaciones, lideradas por el PSOE y Unidas Podemos en España, han terminado por instaurar el diálogo entre independentista y constitucionalistas.


Inicio del fin de la legislatura

Sin embargo, el inicio del fin de la legislatura se produjo durante la campaña electoral de las elecciones generales de abril del 2019. Quim Torra, en su empeño por defender sus principios ideológicos, se negó a obedecer a la Junta Electoral Central y no retiró la simbología en defensa de los políticos presos de la fachada del edificio de la Generalitat. 


Es destacable que este hecho, que Torra repitió en la campaña electoral de las Generales del 10 de noviembre del mismo año, coincidía con una Cataluña sufriendo una tasa de riesgo de pobreza del 21,3% en junio del 2019, cifra récord en los últimos 15 años[1]. Unos datos que, sin embargo, pasaron desapercibidos, como efecto de la cortina de humo que ha supuesto el procés ante los grandes retos de Cataluña.


Nueva estrategia de ERC

La doble negativa de Quim Torra propició su inhabilitación por parte del TSJC, el 19 de diciembre de 2019. A pesar del recurso interpuesto por el president ante el Tribunal Supremo, el fin de la legislatura se preveía como inevitable y aceleró el distanciamiento del bloque independentista


Ante este nuevo escenario, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) realizó un giro en su estrategia, considerando que un acercamiento al gobierno central permitiría la creación de un ecosistema mucho más óptimo para el diálogo y para la consecución de una solución pactada. El hecho de que Oriol Junqueras, presidente de ERC, estuviera preso, sin duda incentivó a la formación a dar este paso al frente. 


Los republicanos encontraron en el PSOE un socio idóneo para lograr esta solución negociada: los socialistas, que habían salido victoriosos de las elecciones generales del 10 de noviembre de 2019, necesitaban urgentemente alianzas para investir presidente a Pedro Sánchez, y ERC les garantizaba la investidura. Por otro lado, los republicanos necesitaban transmitir una imagen de fuerza que les posicionara como la formación independentista de referencia. Su condición de partido bisagra les puso en una situación de ventaja respecto a sus socios de gobierno en el ejecutivo catalán. 


La pandemia complica el contexto

Con la inhabilitación definitiva de Quim Torra por parte del Tribunal Supremo el pasado 28 de septiembre, existía la posibilidad de que el presidente convocara elecciones anticipadas antes de ser relegado de su cargo, pero decidió no hacerlo. Al quedar inhabilitado sin convocar los comicios, dejó la presidencia en funciones en manos de ERC y pidió a su formación política que no se presentara ni apoyara a ningún otro candidato, por lo que, al no haber mayorías parlamentarias factibles, se convocaron elecciones automáticas.


Si bien podría parecer que ERC estaba en una situación de privilegio, con las encuestas situándolos como la principal fuerza política en Cataluña (a principios de 2020), y con el control del ejecutivo en funciones, la realidad es que la decisión de Junts x Catalunya de dejar el gobierno en manos de ERC fue un arma de doble filo


El 21 de junio del 2020 finalizó el estado de alarma decretado por el Gobierno del Presidente Sánchez para la contención de la pandemia y la gestión de la crisis sanitaria recayó en las comunidades autónomas. De este modo, la gestión de gobierno empezó a pasar factura a los republicanos catalanes y su ventaja se ha ido reduciendo. 


Además, la decisión del PSC de nombrar candidato a la presidencia al ministro de Sanidad español, Salvador Illa, ha establecido una situación de hipotético triple empate electoral. El hecho de que la pandemia del Covid-19 sea el principal problema para la ciudadanía, según el último barómetro de noviembre del CIS [2], ha facilitado el ascenso de Illa en las encuestas, ya que ha sido el referente en la lucha contra el virus en el ejecutivo español. 


Las claves de las próximas elecciones

En conclusión, en este escenario de gran crisis sanitaria y económica, de gran bloqueo y polarización de propuestas del bloque independentista y constitucionalista, Cataluña se enfrenta a retos muy evidentes. Por un lado, el cambio de paradigma tras 10 años de independentismo, que dará lugar a una campaña en la que la gestión de la pandemia y de las necesidades económicas de Cataluña será el epicentro del debate. Los partidos, si desean atraer los votos del electorado, deberán dirigir sus propuestas hacia este frente, lo que relajará más el conflicto territorial. Por otro lado, este cambio de paradigma puede obligar a pactar a partidos políticos que han estado enfrentados la última década. De todos modos, la tendencia de acercamiento iniciada por el gobierno de Pedro Sánchez es un buen punto de partida para lograr acuerdos sólidos.


Esta dinámica de diálogo y entendimiento impulsada por el gobierno del PSOE y Unidas Podemos hacia Cataluña está logrando rebajar la tensión política y deberá ser, sin duda, un ejemplo para las otras formaciones. De hecho, las recientes declaraciones de Pablo Casado, en las que afirma que “no se puede tener un proyecto para España sin conocer Cataluña”[3], es un cambio de rumbo radical del Partido Popular, que hasta ahora había sido el principal defensor del constitucionalismo y del rechazo al independentismo. Los discursos más radicales pueden verse marginados por las iniciativas más realistas y eficientes hacia el diálogo y el acuerdo, en un contexto de gran necesidad del país. 


Estas elecciones pueden suponer, además, la consolidación de los gobiernos de coalición como nueva normalidad política. Con el presumible fin de los ejecutivos catalanes enfocados por completo a la causa independentista, podemos encontrarnos con un gobierno de coalición focalizado en el repunte económico de Cataluña, liderado por partidos que no estaban al frente del gobierno autonómico desde el último tripartito catalán de 2006 (PSC-ERC-ICV).


En los próximos análisis, profundizaremos en todos los interrogantes que condicionan las elecciones del 14-F: ¿Cuáles son los principales retos de futuro de Cataluña? ¿Cómo pretenden dar respuesta a estos retos las distintas formaciones? ¿Cuáles son los puntos fuertes y flojos de cada candidatura? ¿Conseguirán los partidos independentistas sobreponerse a la ausencia de sus líderes -en prisión y en el extranjero- y adaptar los discursos a las preocupaciones ciudadanas actuales? ¿Qué estrategia seguirán los partidos y qué escenarios de gobernabilidad se prevén?


Estas cuestiones condicionarán el desenlace de unas elecciones claves no solo para Cataluña, sino para todo el Estado, para certificar el cambio de rumbo necesario.




Public Affairs Experts - 27 de enero de 2021





Referencias


1. “La tasa de pobreza en Catalunya bate el récord de los últimos 15 años”. El Periódico. 27 de junio de 2019. Enlace


2.  Barómetro de Opinión. Centro de Investigaciones Sociológicas. Noviembre de 2020. Enlace


3. “Pablo Casado: Catalunya debe tener una financiación que responda a sus necesidades” La Vanguardia, 25 de enero de 2021. Enlace



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