Elecciones 14F: ¿Quién gobernará en Cataluña?
















Este domingo 14 de febrero, día tradicionalmente señalado por el simbolismo de San Valentín, pasará sin ningún tipo de duda a ser nueva fecha clave en el argot sociopolítico catalán. Tras el transcurso de un período más largo de lo estimado por muchos al inicio de la XII Legislatura al Parlamento de Cataluña, la probabilidad de un cambio significativo en el transcurso de la lógica política catalana es una posibilidad más que considerable a las puertas del inicio de la XIII Legislatura catalana. 


El expresident Quim Torra, quien fuese en origen el candidato número 11 de Junts x Catalunya (JxCat) por la circunscripción de Barcelona en las pasadas elecciones, fue finalmente proclamado Molt Honorable President, 144 días después de los últimos comicios autonómicos en Cataluña. En esta ocasión, ante unas nuevas elecciones determinantes para el futuro próximo de esta comunidad, analizamos cuáles pueden ser, a nuestro entender, los seis diferentes escenarios de gobernabilidad que, a partir de los resultados de este próximo domingo puedan, determinar quién será el próximo 132 Molt Honorable President de la Generalitat.




Escenario 1. Status Quo

La evolución de las encuestas que acompaña este diagnóstico es clara. Desde la irrupción del ex Ministro de Sanidad Salvador Illa como candidato por el PSC, el triple empate es prácticamente una constante entre las tres principales formaciones con posibilidad de salir victoriosas en estas próximas elecciones en Cataluña.


La diferencia de escaños que puedan acabar obteniendo ERC, Junts y PSC se ha reducido drásticamente a un diferencial máximo de 3-4 diputados en todas y cada una de las diferentes encuestas y sondeos publicados durante el presente mes de febrero.


La interpretación es simple: Illa, Aragonès y Borràs, llegan con probabilidades similares de alzarse victoriosos este próximo 14F.


La emergencia, por un lado, del PSC; y, por el otro, la tendencia al alza del PDeCAT en la recta final de campaña, pueden ser condicionantes claros para determinar quién se proclamará ganador. Hasta un 7% de los votantes de JxCat en 2017 optarían ahora por el PDECat, según el tracking del GESOP publicado ayer por El Periódico. Pero, en esa misma dirección, los números son claros: tanto ERC como Junts, las dos formaciones del Gobierno de coalición saliente que han liderado los designios de la política catalana durante la última legislatura -y gran parte de la última década-, siguen manteniendo altas probabilidades de erigirse este próximo domingo como las formaciones con un mayor apoyo electoral.


Este aspecto es clave, pero como ya ocurriese en las pasadas elecciones municipales al “otro lado de la Plaça Sant Jaume de Barcelona”, ser la formación con un mayor número de votos, o incluso escaños, tampoco será sinónimo automático de poder erigirse al frente del Palau de la Generalitat.


La política de bloques que ha determinado el transcurso de la última década en Cataluña puede dar su último coletazo, cuando muchos ya la daban por muerta. El motivo es simple: no hay ni una encuesta o sondeo publicados en lo que llevamos de 2021 -a excepción del CIS del pasado 21/01/2021- que haya dibujado un escenario en el que ERC, Junts y la CUP no sumen mayoría absoluta. El status quo, por tanto, de un gobierno liderado por Junts y ERC -o ERC y Junts- con el apoyo directo o indirecto de la CUP, es un escenario que en ningún caso se debe infravalorar.


Escenario 2. Geometría variable 

Con una caída en la participación estimada en torno a los 20 puntos en comparación con las últimas elecciones autonómicas, no hay ni un actor en la política catalana que no sea consciente que el momentum que se vive hoy, no es el mismo que el del pasado diciembre del 2017.


Junts resultará probablemente el actor que tenga más compleja la probabilidad de dirigir los designios del futuro de la Generalitat a partir de la geometría variable. Pero, eso no es así en los casos de ERC y el PSC.


Las dos formaciones progresistas, con una suma estimada para cada una de ellas en torno al 25% de los diputados del próximo arco parlamentario, difícilmente podrán gobernar contando tan solo con sus propios escaños. Ahora bien, cada una de ellas cuenta con un amplio espectro de sumas potenciales -tanto en el eje ideológico como en el territorial- que, en el supuesto de ser investidas al frente de la Generalitat, les permita poder avanzar el transcurso de la legislatura negociando pacto a pacto, y sin la necesidad de estar vinculadas a una única formación o socio natural.


Este aspecto, siempre que se cuente con un Gobierno que no peque de extrema debilidad, puede ser de alto interés tanto para los republicanos, como para los socialistas. La razón no es otra que poder pasar de la política de la confrontación de gran parte de los últimos años, a todo lo contrario: una nueva etapa focalizada en el debate, la negociación y el consenso parlamentario a múltiples lados, para la implementación de políticas públicas.


Para dos formaciones con intenciones manifiestas de poder “pasar página” a la tensión propia de las últimas legislaturas, el hecho que se ponga el foco en la viabilidad de poder pactar e impulsar iniciativas políticas más allá de los dos bloques de los últimos años, sería la mejor manera de poder superar la política de confrontación que ha marcado gran parte de la última década en la política catalana.


ERC dotaría de máxima coherencia a su discurso de la necesidad de “ampliar la base” de partidarios del independentismo, y los socialistas, por su parte, propiciarían el cambio de etapa que tanto han propugnado desde Madrid como desde Cataluña.


Escenario 3. “Dos terceras partes”

Una versión derivada de los puntos anteriores es el hecho que PSC, ERC y Junts vayan a sumar, probablemente, un cómputo superior a las dos terceras partes del hemiciclo catalán, estipulado en la suma de 90 de los 135 diputados.


Aunque en todo caso deberá estipularse un gobierno conformado por una o varias de las formaciones expuestas, ya sea implicadas directamente en la gobernabilidad u ofreciendo apoyo externo desde la oposición, son múltiples las decisiones de una mayor trascendencia parlamentaria que requieren, como mínimo, de la suma de dos terceras partes del Parlament de Catalunya.


La aprobación de un régimen electoral propio en la única comunidad autónoma que aún no dispone de normativa propia en la materia (art. 56 EAC), la determinación de integrantes para aquellos organismos de mayor trascendencia política como el Consell de Garanties Estatutaries (art. 77 EAC), o la propia reforma de cualquier punto del Estatuto catalán (art. 222 y 223 EAC), por exponer una serie de ejemplos al lector, requieren de una suma de dos terceras partes de los votos del arco parlamentario. 


El hecho evidente de que tres formaciones políticas sumen dicha mayoría no significa que acto seguido estas tres puedan consensuar una u otra posición. El mayor ejemplo es la XII legislatura recién terminada, donde Ciutadans, ERC y JxCAT ya disponían de dicha mayoría.


Ahora bien, actualmente existen más de 25 organismos públicos como la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, la Sindicatura de Cuentas o el Síndic de Greuges pendientes de renovación y, con ellos, una cifra superior al centenar de organismos, consejos asesores y cargos pendientes de renovación en el hemiciclo catalán por renuncia de sus posiciones o, especialmente, por la finalización de sus mandatos.


¿Cuál puede resultar aquí el aspecto diferencial? Que, en este caso, los tres actores implicados -aun y sus evidentes y manifiestas diferencias- sí disponen, a día de hoy, de espacios inherentes de pacto y cogobernabilidad, a diferencia de lo que pudiera ocurrir en la legislatura anterior entre las tres formaciones que sumasen esas dos terceras partes; y, con ello, pueda resultar más factible en la próxima legislatura pactos coordinados y a múltiples bandas entre las tres principales formaciones en el Parlamento catalán.


ERC y Junts han dirigido el último de la Generalitat, no exentos de la tensión inherente a un gobierno de coalición. Pero, a su vez, comparten hoy el Gobierno de las Diputaciones de Girona, Lleida y Tarragona, así como múltiples Ayuntamientos y organismos de carácter supramunicipal.


ERC y los socialistas vienen de aprobar juntos, no hará ni tres meses atrás, los últimos Presupuestos Generales del Estado, en una aproximación estratégica bien conocida por la mayor parte de la opinión pública.


Y, Junts y el PSC, aún y sus más que evidentes diferencias, conviven a día de hoy al frente del Gobierno de la Diputación de Barcelona, la cual abarca una extensión con más de 300 municipios y actúa para cerca del 75% de la población catalana.


Escenario 4. Pacto de progreso

Hará cerca de 20 años atrás, el pasado diciembre de 2003, el PSC, ERC e Iniciativa Catalunya Verds -estos últimos, hoy integrados en el seno de En Comú Podem- daban forma a una opción de gobierno de coalición que en Cataluña ha quedado bautizada para los anales de la historia como “tripartit”. Es decir, tripartito, por la suma de tres partidos.


La evolución de las diferentes encuestas anticipa que, aritméticamente, esta pueda ser, sin ningún tipo de duda, una nueva opción muy factible a partir de los resultados que finalmente dispongamos a partir de este próximo 14 de febrero. Pero, como todo en la vida, son los detalles lo que marcarán esta opción potencial.


Mucho se ha hablado en la recta final de la presente campaña electoral, que ERC había vetado definitivamente toda opción de gobernabilidad con el PSC a posteriori de las próximas elecciones del 14F. Para comprender qué hay de cierto detrás de dicha afirmación, es preciso entender el transcurso inherente de la lógica electoral.


En ese sentido, el pasado 08/02/2021 Junts era la primera formación independentista en firmar un “acuerdo público” auspiciado por una organización independentista con poco más de 600 seguidores en redes sociales, según el cual “fuera cuál fuera la correlación de fuerzas surgida en las urnas, en ningún caso se pactaría una forma de Gobierno con el PSC”. Tras la firma del mismo manifiesto por la CUP, Primàries y el PDeCAT, en este preciso orden, el pasado 10/02/2021, dos días después que Junts, Esquerra Republicana de Catalunya cerraba la lista de formaciones independentistas que también subscribían dicho acuerdo.


Entendemos, por tanto, que, efectivamente, dicho “veto” pueda comprenderse como una realidad. Pero analizado cuál fue el proceso inherente a dicha declaración y los múltiples escenarios existentes que puedan terminar necesitando de la entente entre ambas formaciones para vehicular toda gobernabilidad, resultaría poco convincente darle una credibilidad inmutable a dicha declaración.


En Comú Podem, por su parte, ha hecho pública y notoria la voluntad de propiciar, con sus escaños, un gobierno progresista que, más de diez años después, desplace a los herederos de la antigua Convergència al frente de la Generalitat. Recordemos: primero, Artur Mas (CiU); después, Carles Puigdemont (Junts pel Sí); y, por último, Quim Torra (Junts x Catalunya), han presidido ininterrumpidamente el Govern de la Generalitat desde el año 2010. 


Más allá de la probabilidad de dicho “Gobierno de Progreso”, la aritmética parlamentaria determinaría que, a priori, este pueda resultar más probable en el supuesto en que el PSC termine por delante de ERC como principal fuerza parlamentaria, dado que estos últimos siempre podrán contar con terceras opciones de gobernabilidad que no necesariamente necesiten del PSC. Algo que, por el contrario, se entendería como aritméticamente más difícil en el supuesto inverso de un gobierno del PSC que no necesitase de ERC.


Un claro ejemplo de ello, aunque ciertamente se entraría en la categoría de “rizar el rizo”, puede llegar a ser un gobierno progresista liderado por ERC y en el que no esté presente el PSC. La aritmética es compleja. Pero, en función de los números, no sería imposible. Hablamos de una hipotética suma de ERC, En Comú Podem y la CUP y una abstención hipotética de Junts. Si los votos afirmativos de los tres primeros terminasen siendo superiores a los votos negativos del resto del hemiciclo catalán, esta opción improbable -que no imposible- podría ser una fórmula alternativa de gobierno contundentemente progresista.


Así pues, un “Gobierno de Progreso”, a priori debería ser una opción que en ningún caso nadie debería contemplar como imposible dadas las múltiples probabilidades de que los números permitan su viabilidad.


Escenario 5. Gobierno constitucionalista

Sí parecerá más difícil, pero de nuevo no imposible, un escenario muy simple que dé un vuelco absoluto a la inercia política del último ciclo político catalán.


Se trataría de algo tan conciso como que la suma de los diputados no independentistas fuese superior a la suma de los escaños obtenidos por las formaciones independentistas y ello propiciase la investidura del partido no independentista más votado al frente del Govern de la Generalitat.


Hablamos, por tanto, de un supuesto que prácticamente ningún estudio demoscópico haya contemplado como factible en los últimos meses, tal y como hayamos expuesto con anterioridad, pero que no por ello deba considerarse de antemano como una opción imposible.


Así pues, la probabilidad más factible en dicho escenario no sería otro que un muy buen resultado del PSC, contrastado con una suma conformada por ERC, Junts, CUP y la duda del PDeCAT, la cual en ningún caso llegase a sumar 68 diputados.


En dicho supuesto, no habría nada escrito. Ciertamente, el resto de formaciones constitucionalistas difícilmente podrían convivir dentro de un mismo ejecutivo catalán. Pero, por el contrario, podrían propiciar la investidura de un gobierno constitucionalista desde la oposición, que tomase forma a partir de las múltiples sumas potenciales existentes entre PSC, En Comú Podem y Ciutadans.


Escenario 6. Repetición electoral

Por último, siempre quedará la repetición electoral, tal y como ocurrió en las últimas elecciones generales del 2019. 


La multiplicidad de actores, intereses y vetos cruzados, junto a la doble agenda autonómica y nacional que deban combinar gran parte de los partidos políticos con probabilidad de representación parlamentaria que se presentan a las elecciones al Parlamento catalán, hacen que el pacto de Gobierno al frente de la Generalitat no vaya a ser, ni mucho menos, algo fácil, rápido y sencillo.


Sin ir más lejos, recordemos cómo el pasado 2017, probablemente en el punto cúspide de la conflictividad entre bloques, Quim Torra no consiguió ser investido President hasta 144 días después de las elecciones de ese año.


El temor a ser considerado un traidor, o a gobernar con aquellos con quienes hasta la fecha se habían considerado contrarios absolutos a los postulados defendidos durante la última década; la complejidad de investir gobiernos de coalición de dos o más partidos; o la dificultad de poder contar con apoyos suficientemente estables con los que poder vislumbrar una gobernabilidad sostenida, sabiendo que en dos años y medio habrán nuevas elecciones generales, hacen que la repetición electoral sea un supuesto que, en ningún caso, debamos descartar.


Más aún, si con el precedente de las últimas elecciones generales, los partidos hayan podido interiorizar como una opción factible el sistema de “doble vuelta” indirecta, en esta nueva realidad tan fragmentada con múltiples formaciones políticas sobre el tablero.


La pandemia será aquí, con toda probabilidad, el aspecto determinante que pueda terminar condicionando la viabilidad a dicha repetición electoral. 


En un escenario en el cual se ha pedido insistentemente a la ciudadanía que tenga la máxima precaución, con confinamientos, restricciones horarias y limitaciones a la movilidad, resultará difícil de explicar a la ciudadanía que hayan ido a votar “para nada” y que, pocos meses después, se les pida que vuelvan a poner en riesgo su salud por la incapacidad de sus representantes a articular una opción de gobierno que permita el resultado de las urnas.


Estos son los seis grandes escenarios que, a nuestro parecer, serían los más probables entre las múltiples posibilidades y cuasi infinitas derivadas existentes. La respuesta, este próximo domingo 14F.



Public Affairs Experts - 12 de febrero del 2021

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